30 septiembre 2009

VA DE JUECES

¿Por qué Dívar no se confiesa de pecados de omisión?

Y a todo esto, ¿qué hace el recientemente renovado Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), que preside, a su vez, el presidente del Tribunal Supremo, Carlos Dívar, católico tradicional a marcha martillo, amigo del cardenal Rouco Varela y conservador antropológico?
Podemos suponer, sin embargo, lo que sí hace el vicepresidente, Fernando de Rosa, cuyo principal mérito para llegar a ser número 2 del CGPJ consistió en el hecho de que, cuando fue elegido para ese cargo, ejercía de consejero o conseller de Francisco Camps en la Generalitat valenciana. Lo que hace, parece razonable pensar, es barrer para casa. Su casa es, por descontado, popular. Y Camps, su jefe.

De Rosa, contra Garzón
Nada más iniciado su mandato en el órgano que tiene como misión fiscalizar la tarea de los jueces y garantizar la independencia judicial, De Rosa defendió en Canal 9 a Camps y, en paralelo, atacó a Baltasar Garzón, entonces instructor del sumario en torno a Camps, Francisco Correa y sus cómplices valencianos, insinuando que “podría estar pasando una línea roja muy importante, que es la prevaricación”.

Sano y salvo
Pues bien, De Rosa salió del lance narrado -con el caso Gürtel acorralando a Camps y sus trajes- sano y salvo. El CGPJ fue incapaz de aplicarle un serio correctivo. ¿Por qué? Caben todo tipo de hipótesis. Por ejemplo, la del corporativismo y también la del miedo de algunos miembros progresistas del CGPJ a meterse en camisas de once varas.

“Mas que amigo”
Luego vino el escándalo del presidente del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana (TSJCV), Juan Luis de la Rúa. Siendo De la Rúa “más que amigo de Camps” –según le dijo en un acto público el presidente de la derecha-, no sólo no se inhibió en la decisión de archivar el caso relativo a Camps y sus vestimentas, regaladas por la trama de la corrupción Gürtel, sino que se erigió en el protector judicial de su amigo/más que amigo.

El retrato de un juez
De la Rúa, por cierto, vive en la sede del Tribunal Superior valenciano, un palacio neoclásico, declarado Monumento Histórico Artístico en 1982, conforme afirmaba el otro día la excelente periodista Lydia Garrido en la edición valenciana de El País. No sabemos si ello es legal, alegal o un poco al menos ilegal, pero sí retrata a un personaje que parece extraído de la leyenda que acompaña a algunos jueces –en ocasiones con razón-, según la cual más que hacedores de la justicia son a menudo defensores de los poderosos o de delincuentes de gran fortuna y alta cuna.

El mitin de 2007
De la Rúa, además, respaldó –recordemos- al candidato Camps, en las elecciones autonómicas de 2007. Lo hizo en un mitin y le ovacionó tras algunas de sus frases más llamativas. ¿Puede hacer eso un juez independiente? ¿Puede hacer eso quien ostentaba, con motivo de los comicios, la presidencia de la Junta Electoral?

El saqueo de Millet
Cambiando de tercio, añadamos que, dos meses después de que se conociera el multimillonario saqueo del Palau de la Música de Barcelona, perpetrado por su hasta ahora presidente, Félix Millet, el juez sigue sin decir ni mu. Millet es un prohombre de la burguesía catalana, fervoroso militante de CiU, que coqueteó también con José María Aznar hasta ser presidente de la FAES versión catalana.

Ladronicio en el Palau
Dos meses después del ladronicio, y a pesar de los esfuerzos del Ministerio Fiscal, el juez instructor, Juli Solaz, ni ha imputado, ni ha llamado a declarar a Millet ni ha tomado medidas cautelares. Si no fuera quien es y se tratara de un inmigrante y hubiera robado unos cuantos euros, ya estaría en la cárcel a la espera del juicio.

El silencio del CGPJ
Pero más grave aún que lo narrado es el silencio del CGPJ. ¿Por qué no intervino frente a De la Rúa? ¿Por qué se encogió de hombros frente a de Rosa y su acusación contra Garzón? ¿Por qué permite que un juez en Barcelona convierta la lentitud en el símbolo de su trabajo?

Poncio Pilatos
¿Por qué Dívar no confiesa lo que a muchos ciudadanos les puede parecer pecado de omisión? ¿O es que quiere emular a Poncio Pilatos, quien se lavó las manos en lugar de impartir justicia impidiendo la muerte de un inocente?

Enric Sopena es director de El Plural

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