07 septiembre 2009

REGALAME UNA DEMOCRACIA AMIGUITO DEL ALMA

Regálame una democracia, amiguito del alma

Primera baladronada de un tipo meapilas y carente de escrúpulos éticos. Dijo Francisco Camps, Muy Honorable presidente de la Generalitat valenciana, el viernes por la noche, en la plaza de toros de la ciudad de Valencia: “Seguiré trabajando para que Zapatero no convierta a España en un régimen de terror. El PSOE quiere un régimen y yo una democracia”.
Segunda baladronada de un amnésico compulsivo. Ni se acuerda el muy pillín de dónde guardó las facturas de sus vestimentas ni tampoco desea acordarse de que el proyecto político de Aznar incluyó en los inicios de su mandato un proceso de paz y diálogo con ETA. Era el tiempo en el que Aznar denominaba a esa banda de asesinos Movimiento de Liberación Vasco. Dijo en la noche del viernes, Camps, desenterrando aquel clima atroz del proceso de paz en Euskadi -proceso promovido por Zapatero con el respaldo de toda la Cámara, salvo el PP-, cuando el fuego de la discordia era brutalmente atizado desde las tribunas populares: “Jamás empezaríamos un proyecto político negociando con terroristas y humillando a una nación”.

La liquidación del PP
Por su parte, Mariano Rajoy Brey acusó a los socialistas de haber intentado “liquidar” al PP con una “crueldad infinita”. Y encima, el patrocinador cotidiano del “todo vale” exhibió su enorme capacidad para el cinismo y proclamó: “Ni en política ni en la vida vale todo. El fin no justifica los medios”. Rajoy no pasa de ser un Maquiavelo de vía estrecha. Lo que afirma no se ajusta a la praxis política de los populares. Si el fin –según Rajoy- no justifica los medios, ¿de qué modo puede justificar la avalancha de mentiras, embustes, engaños, injurias, calumnias y enormes barbaridades que impulsan en Génova 13 sus colaboradores más inmediatos?

La alcaldesa populista
La alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, la de los bolsos alto standing -la misma que tuvo la desfachatez de comparar los trajes gratis total, regalados a Camps por la trama de corrupción, con las anchoas de Cantabria del presidente Revilla-, señaló: “Hemos vivido una cacería desaforada. Han querido destrozarnos (...) No nos vais a amedrentar ni a callar. Os vamos a llevar a los tribunales”. Puede decir lo que quiera, naturalmente. Pero su perfil político es de una alcaldesa populista, al estilo de Evita Perón o de Pilar Primo de Rivera. De estas cosas, ella sabe mucho. Los orígenes de su formación radican en el régimen franquista.

Fabra, admirador de Franco
Todo esto formó parte del aquelarre conservador bajo la luna de Valencia. No pasó inadvertida la presencia –como no podía ser de otro modo- de Carlos Fabra, con sus gafas oscuras y con las sospechas que pesan sobre él intactas. El protagonismo de este personaje -no impedido ni mucho menos desde la cúpula nacional del partido- define con exactitud algunas de las esencias más profundas del PP. Fabra es un admirador de Franco, como se demuestra en un reciente libro publicado por la Diputación de Castellón, de la que es presidente. El prólogo lo rubrica él. Por lo demás, el mitin-cena se transformó, por lo demás, en un acto de exaltación de la infamia. Nada nuevo en la trayectoria de la derechona.

Relamido político
¿Cómo, de nuevo, el líder de la derecha valenciana osa lanzar la insidia de que el Gobierno que preside José Luis Rodríguez Zapatero no es democrático hasta el extremo de que nos esta conduciendo hacia un “régimen de terror”? Ya lo hizo Camps en su declaración -llamada “institucional”- el día en el que El País desveló el asunto de los trajes. Para tapar sus vergüenzas, Camps no dudó entonces en describir al Gobierno actual como si fuera más o menos nazi. Este relamido político asegura que estamos muy cerca en España de un “régimen de terror”. Conviene, sin embargo, no olvidarlo. Ese “régimen” ya lo tuvimos, ya lo sufrimos, El Petronio valenciano, a cuenta de Gürtel, no tiene idea de lo que habla. Ese régimen de terror duró casi cuarenta años. Fueron unos cuantos prebostes franquistas lo que fundaron, tras la muerte del dictador, Alianza Popular, en la actualidad PP.

Una derecha subversiva
Por otra parte, la insistencia de Maria Dolores de Cospedal y de otros dirigentes genoveses en subrayar la existencia de escuchas telefónicas ilegales, propiciadas por el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba -y todo ello sin pruebas fehacientes- obedece a la lógica de la subversión dialéctica que alimenta la derecha española. La derecha de este país –salvadas ilustres y beneméritas excepciones- se ha comportado casi siempre así. Cuando las cosas le van mal, recurre a la subversión. Es una derecha evidentemente subversiva. Su ansia no es construir, sino destruir.

Paranoia cavernaria
No parece que las aguas populares vuelvan pronto a un cauce de política de Estado. Frente a los presuntos delitos de corrupción perpetrados desde las filas del PP, la única estrategia que manejan Rajoy sus amigos es le de negar la evidencia. Pretenden silenciar al máximo los hechos, miran hacia otro lado y montan continuos y monumentales pollos con el propósito de desviar la atención de la opinión pública. Mientras, procuran mantener bien alta la moral de sus combatientes, situando de este modo a sus masas en estado de permanente agravio contra el Gobierno. Rajoy, a este paso, dejará atrás -en su paranoia cavernaria- a Aznar. Camps, entretanto, quiere una democracia. Ignora lo que es una democracia. Pero es un tipo caprichoso y quiere pedírsela a los Reyes Magos. O, si no, se la pedirá a su amiguito del alma. Regálame una democracia; quiero una democracia; te quiero un huevo, Álvaro Pérez.

Enric Sopena es director de El Plural

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