16 noviembre 2009

SERIA HUMILLANTE PARA CATALUÑA UN REGIMEN MEDIEVAL

Lo que sería humillante para Cataluña es un régimen medieval, con sus fueros, donde ciertos señores feudales gozaran de inmunidad

Mire, Sr. Laporta, resulta fácilmente comprensible que haya recurrido al victimismo para prestar apoyo a dos presuntos delincuentes y amigos de usted, Macià Alavedra y Lluis Prenafeta, correligionarios suyos, no tanto en términos de siglas o de partido, como desde una perspectiva más global o ideológica. El victimismo lo manejaba Jordi Pujol -a lo largo de sus más de veinte años en la Presidencia de la Generalitat- con una destreza y habilidad envidiables, pero no exentas de peligro y de autoprovecho personal, como aconteció en los días más álgidos del caso Banca Catalana. El victimismo es uno de los instrumentos favoritos de los nacionalistas. No sólo del nacionalismo catalán, sino de todos los nacionalismos, que existen por supuesto en el conjunto de España y en el mundo entero.
Es igualmente cierto que la derecha española, en buena medida, y una parte minoritaria -más o menos residual- de la izquierda destilan un intenso aroma de catalanofobia. Esa presión anticatalana -que aflora cada dos por tres, a través de determinados medios de comunicación y de no pocos dirigentes del PP- consigue revivar las bajas pasiones de muchos ciudadanos catalanes, de origen o de adopción, y alimenta la radicalización nacionalista, que se va convirtiendo paulatinamente en una ola de soberanismo o de independentismo. O de separatismo, según el lenguaje tradicional. De este modo, unos y otros acentúan sus rencores, sus tensiones y sus fantasías recubiertas de un patriotismo perverso.

Solemne estolidez
Lo que dijo el otro día el presidente del F.C. Barcelona –en un acto de la Fundación Catalunya Oberta, controlada por convergentes partidarios del liberalismo económico y, en paralelo, de la independencia- es una solemne estolidez o un insulto a la inteligencia colectiva. Peor aún: se trata de una mayestática provocación que perjudica a la inmensa mayoría de los ciudadanos de Cataluña y, por extensión, a los del resto de España. ¿Por qué se permite usted afirmar que la Operación Pretoria, que por cierto dirige el magistrado Garzón –que es un barcelonista empedernido- ha sido, o está siendo, “humillante para ellos [Alavedra, Prenafeta y, con menor énfasis, para el alcalde de Santa Coloma de Gramanet, Bartomeu Muñoz] y humillante para Cataluña?

Con delirio desbordante
Es usted muy libre, Sr. Laporta –como ciudadano de a pie- de inmiscuirse en la política catalana como acostumbra a hacer y cada vez con más frecuencia, entre otras razones porque termina esta temporada su mandato en el Barça e intenta llegar a ser el nuevo líder del nacionalismo o algo similar. Nadie debe reprocharle que ejercite su derecho a la libertad de expresión y que cargue contra José Montilla, mientras menosprecia al tripartito. Es legítimo que opine, con delirio desbordante y cierto fanatismo de hooligang, que “Cataluña debe mirarse en el espejo del Barça, pues Cataluña se tiene que obsesionar con su plenitud y el Barça brilla por encima de las instituciones del país, no como antes”.

Apropiación indebida
Toda su apuesta por la política es legítima, aunque usted sí está cometiendo –a juicio de muchos culés no nacionalistas y tan catalanes como usted o más- un acto de apropiación indebida del F.C. Barcelona. Usted no es ex presidente del Barça porque sigue siendo presidente del club blaugrana. En verdad, produce irritación y repugnancia verle propagar su programa político, poniendo a su servicio la gigantesca plataforma que supone el Barcelona. Claro que usted –conviene recordarlo a los olvidadizos- pudo ser elegido presidente gracias a una operación de carácter político/nacionalista, L´elefant blau, diseñada desde los despachos de la Generalitat gobernada entonces por CiU. Prenafeta ya había montado, hacia 1988, una candidatura convergente para acabar con el españolista Núñez, pero le salió mal la jugada.

¿Cómo Berlusconi?
Algunos pocos pronosticamos, tras su victoria electoral, que usted lo que ansiaba más no era presidir el Barcelona, sino poner en marcha su carrera política a costa del Barcelona. Acertamos de pleno. Se le nota demasiado, Sr. Laporta, que usted, en el fondo, aspira a ser una especie de Silvio Berlusconi a la catalana. O, mejor dicho, a capitanear un partido como en Italia es, más o menos, la Liga del Norte, crucemos los dedos. El Barça es más que un club, pero el Barça es muchísimo más que un partido político o un movimiento independentista. En el Barça o cabe con comodidad todo el arco iris político y sociológico o acabaremos perdiendo el match más importante desde que el club fue fundado.

Ambos, nacionalistas
Y eso, usted, que ha conseguido, sin duda, un Barça triunfador y con elementos organizativos muy positivos, como le dije hace medio año en un grato encuentro de catalanes en Madrid con usted, no quiere tenerlo en cuenta. Usted va a la suya y le importa poco el daño que, de puertas afuera, está haciendo a la entidad. Usted ha demostrado que carece de escrúpulos. El bochornoso asunto de los espías -pagados con dinero del club- indica que usted y Esperanza Aguirre tienen más coincidencias de las que pudiera parecer. Ambos, por otra parte, son nacionalistas. Usted, nacionalista catalán. Aguirre, nacionalista española.

¿Régimen medieval?
Ni Cataluña ha sido humillada por haber detenido a unos cuantos presuntos corruptos. Ni ellos, los acusados, han sido humillados. Ser nacionalista catalán no es, ni ha de ser nunca, una patente de corso, Sr. Laporta. Ni a Cataluña se le humilla cuando el Estado de Derecho, fundamentado en la democracia, actúa y persigue a quienes han cometido presumiblemente una fechoría. Es, Sr. Laporta, todo lo contrario de lo que usted dice de forma demagógica para justificar su planteamiento separatista.

El siglo XXI
Lo que sería humillante para Cataluña y para los catalanes es que estuviéramos -en el siglo XXI- anclados en un régimen medieval, independiente y con fueros, donde unos cuantos señores feudales tuvieran inmunidad para todo. O en la España de Franco, que usted conoce muy bien no tanto por edad cuanto por los contactos familiares con su suegro, o ex suegro, quien le acompañaba a veces a las reuniones nacionalistas para la Presidencia del Barça, siendo él miembro de la Fundación Francisco Franco. Y, en todo caso, no se equivoque. Cada gol del Barça no es un voto para usted, sino una alegría para todos los barcelonistas. Para todos, no sólo para los suyos.

Enric Sopena es director de El Plural

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