16 noviembre 2009

COMER RAPIDO ENGORDA

Un estudio midió el tiempo que requiere alimentarse. A más velocidad, mayor consumo.
En tiempos de "fast food" y cortos períodos al mediodía en pleno horario de trabajo, alimentarse despacio y pausadamente parece ser una utopía. Sin embargo, y a contramano de toda esta tendencia imposible de frenar debido a los tiempos que se manejan sobre todo en las ciudades grandes, de a poco van apareciendo nuevas variantes como el "slow movement" que propone no sólo comer más despacio, sino vivir más despacio en general.

Esta corriente se basa en algo que desde hace años los médicos, sobre todo los nutricionistas, le dicen a sus pacientes: "si comes despacio, te alimentas con lo justo porque la lentitud favorece la saciedad. En cambio, si la comida es algo que se hace a las apuradas, hay mayores posibilidades de ingerir de más y, por consiguiente, engordar más de lo pensado".

Ahora, un nuevo estudio realizado por científicos griegos, y publicado en la revista especializada Journal of Clinical Endocrinology Metabolism, confirmó que esto es así.

Aparentemente, y según la experiencia, el apetito continúa si se come apresuradamente porque disminuye la liberación de un determinado tipo de hormonas intestinales (GLP1 y PYY) que son responsables de emitir la sensación de saciedad al cerebro.

Para llegar a esta conclusión, el equipo liderado por el doctor Alexander Kokkinos, del Hospital General de Laiko, en Atenas, Grecia, sometió a un grupo de 17 personas a una prueba simple: debían comer un helado de 300 mililitros con un contenido de 59 por ciento de calorías, 33 por ciento de carbohidratos y ocho de proteínas. Todos ellos debieron hacerlo a diferentes ritmos y velocidades.

Mientras tanto, el doctor y sus colaboradores tomaron muestras de sangre para anotar y valorar las medidas de glucosa, insulina y lípidos contenidos en el plasma y las hormonas intestinales. Esto se realizó antes, durante y después de la comida.

"Descubrimos que cuando se ingería el helado en 30 minutos en vez de en cinco, las concentraciones de ambos péptidos intestinales (GLP1 y PYY) era mayor, razón por la cual la sensación de saciedad se presentaba antes", coincidieron en remarcar los investigadores.

En la prueba comparativa, los investigadores establecieron que cuanto más tiempo transcurre desde el primer bocado hasta terminar el plato -ya sea una comida o un postre- mayor será la concentración de péptidos intestinales liberados, y por ende la aparición de la sensación de saciedad.

LA CEREMONIA DE COMER

Al respecto, tanto la doctora Mónica Katz, como el doctor Alberto Cormillot, ambos médicos nutricionistas, resaltaron la importancia de "considerar la comida como una ceremonia, desde el momento que se pone la mesa hasta cuando uno se levanta".

Esta noción implica evitar comer en lugares donde no se pueda estar tranquilo, como la oficina o el escritorio, no sólo para no estar apurado, sino además para no tener interrupciones o no estar rodeado de conflictos, peleas, discusiones o problemas que pudieran surgir e interferir en el proceso de digestión de los alimentos.

"Por ejemplo, lo que pasa en las cenas en las cuales hay mucha gente o bien en las fiestas, es que hay tanto para comer y en tantos 'pasos', que uno se apura y termina comiendo rapidísimo. Esto hace que todo el tiempo tengamos ganas de más", señaló Alberto Cormillot, director del Instituto Argentino de Alimentos y Nutrición.

"Es importante sentarse y pensar cuáles son, uno por uno, los alimentos, los condimentos y, por qué no, también las bebidas que vamos a elegir", agregó la doctora Katz, directora del Posgrado de Nutrición de la Universidad Favaloro.

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