13 noviembre 2009

LOS JERARCAS CATOLICOS QUE, COMO JUDAS, TRAICIONAN A CRISTO

Esta clerigalla, meliflua, garbancera e hipócrita, a la que representa el obispo Martínez Camino, portavoz del episcopado y protegido del arzobispo-cardenal de Madrid –de nuevo presidente de la Conferencia Episcopal Española-, Antonio María Rouco Varela, continúa impertérrita en su persistente tarea de fabricar agnósticos y ateos a granel. La intervención de Martínez-Camino sobre la ley del aborto es la de un fanático, la de un tipo peligroso, la de un cura trabucaire.
El instinto inquisitorial lo llevan algunos prelados -como es el caso evidente de Martínez Camino- en sus genes. El actual Pontífice, Joseph Ratzinger, llamado ahora Benedicto XVI, fue –durante muchos años y antes de ser proclamado Papa- prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. O sea, Ratzinger era el jefe del sucedáneo moderno de la Santa Inquisición. Persiguió a los teólogos considerados heterodoxos y actuó contra ellos, sobre todo contra quienes defendían la Teología de la Liberación. Esta admirable teología se resume, grosso modo, en amar al prójimo como a uno mismo y, más todavía, si el prójimo es pobre o se halla marginado de la sociedad opulenta.

La escoria social
La Teología de la Liberación procura adentrarse en los orígenes y las ideas básicas divulgadas por Cristo en los evangelios. No parece, ciertamente, que Cristo se dedicara a adular a los ricos y a olvidarse de los miserables. Todo lo contrario. Sus amigos, sus apóstoles, eran parte de la escoria social de aquella época. A los poderosos, a los sumos sacerdotes, a los fariseos, Cristo no los aplaudía. Los recriminaba y los contradecía. ¿Fue Cristo un revolucionario? Ni lo sabemos ni, de hecho, nos importa. Pero sí fue un reformista comprometido y un pacifista. Pagó con su vida el hecho de haberse enfrentado a los opulentos. Fue crucificado porque atacaba al rico Epulón y salvaba al pobre Lázaro.

Policía del pensamiento
Ejerció Ratzinger, con gran perseverancia, de policía del pensamiento e incluso debió de creerse que así cumplía con su deber de propagar el catolicismo. Pues bien, si todo este tinglado que contemplamos en la actualidad es, de verdad, el catolicismo, que venga Dios Nuestro Señor y lo vea. Estamos seguros de que Jesús de Nazaret, lo primero que haría -a la vista del espectáculo- es echar de los templos a los mercaderes de la fe. Expulsaría sin contemplaciones a los que han escalado sin escrúpulos hasta llegar a puestos muy confortables en el organigrama de la Iglesia, ocupando poltronas gracias a contentar a sus superiores a cambio de transgredir el verdadero mensaje de Cristo.

Legítimo espanto
Criticamos -en ocasiones con legítimo espanto- a los talibanes, a los ayatholas musulmanes, y a cuantos convierten sus convicciones en un bastión del sectarismo y de intolerancia. Esas gentes están dispuestas a obligar a sus feligreses, o a sus seguidores, a circular por el camino de los dogmas tan intocables como -con frecuencia- brutales. Un talibán del integrismo católico es Martínez-Camino. No es, por desgracia, el único.

De puntillas
¿Alguien recuerda a este cuervo, a este profeta del catastrofismo, predicar un día, un solo día, bendiciendo sin remilgos las cosas positivas que ha impulsado este Gobierno, surgido de las urnas -no como sucede en el Estado del Vaticano-, mostrando su alegría por los logros conseguidos y discrepando sin necesidad de amenazar a los contrincantes de forma tan zafia como chulesca? No, la mayoría de los jerarcas consumen su tiempo cual si fueran políticos de la oposición. También se distinguen por estar pendientes de todos los males que ellos atribuyen al sexo [condescendientes, sin embargo, con la pedofilia o la pederastia, un tema del que pasan de puntillas]

El capitalismo liberal
¿Alguien recuerda al obispo Martínez- Camino o a cualquier otro monseñor -salvo excepciones casi heroicas-, predicando con vehemencia sobre la necesidad de ser fieles, los católicos, a encíclicas como la Populorum Progressio? Ese texto fue divulgado el mes de marzo del año 1967. Acerca del capitalismo liberal, el Papa Pablo VI, escribió: “Por desgracia (…) ha sido construido un sistema que considera el lucro como motor esencial del progreso económico, la concurrencia como ley suprema de la economía, la propiedad privada de los medios de producción como un derecho absoluto, sin límites ni obligaciones sociales correspondientes. Este liberalismo sin freno, que conduce a la dictadura, justamente fue denunciado por Pío XII como generador del “imperialismo internacional del dinero”. No hay mejor manera de reprobar tal abuso que recordando solemnemente una vez más que la economía está al servicio del hombre”.

Sepulcros blanqueados
Condenan a fondo los jerarcas eclesiásticos el uso los condones o de cualquier otro método anticonceptivo. Condenan el aborto [callan, no obstante, cuando el Gobierno es de derechas]. Condenan su regulación más racional. Condenan el divorcio. Condenan el sexo fuera del matrimonio. Condenan que el sexo se utilice al margen de la procreación. Condenan los matrimonios homosexuales. Condenan la masturbación. Son unos obsesos de estas materias y dejan en la práctica de lado a los millones de niños hambrientos que mueren o mal viven en África y en otros continentes. Siempre apoyan, directa o indirectamente, a los más fuertes y no a los más débiles, Arremeten contra el relativismo y la libertad de conciencia. Son sepulcros blanqueados. Se creen estos jerarcas católicos los herederos de Cristo pero –como Judas- lo han traicionado.

Enric Sopena es director de El Plural

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