20 junio 2009

CARTA DE BARREDA A VICENTE FERRER

Carta In Memoriam de José María Barreda a Vicente Ferrer

Querido Vicente:

“Ningún hombre vale más que otro”, nos dice Don Quijote, y añade: “si no hace más que otro”. Tú eres de los hombres que más y mejores obras has hecho. Eres, como todos nosotros, de la estirpe de Don Quijote y has sido siempre fiel a ese linaje. Eres de los nuestros. Por ello, pese a la distancia, siempre te hemos sentido cerca; también por ello, pese a la distancia que se estableció en el día de ayer, no dejaremos de sentirte entre nosotros.

Sólo se encuentra a sí mismo quien se da a los demás; solo crece quien se alimenta con el ejemplo, con el modelo de los mejores. Tu vida y tu misión han representado un paradigma de la conducta recta, consecuente, donde confluyen el bien y el ingenio. Tus valores son nuestros valores, la herencia que nos dejas.

La pasión por lo imposible es condición inexcusable para cambiar el mundo. La convicción de que la utopía es un espacio por habitar mueve a las inteligencias superiores y a los mejores espíritus y también los hechos más ínfimos pero que son grandes para el bienestar de las personas. Así entendiste tu vida y así la entregaste, siendo grande en las ideas, amando muchas veces mucho y prestando tu energía a quien más precisaba de la mano amiga y del aliento de un corazón grande.

Tú eras tú y eres tu mensaje, el mensaje que todos los hombres y mujeres de Castilla-La Mancha hemos interiorizado para llevarlo a efecto de tal manera que entre el pensamiento y la acción no medie trecho alguno.

Te escribo estas líneas para que tengas constancia, una vez más, de que perseveraremos en esa misión a la que tú has consagrado toda tu vida, para ratificarte, de nuevo, que la solidaridad que abanderaste es también nuestra enseña, y esta enseña la pasamos de mano en mano, de acción solidaria en acción solidaria, para que nunca se venza.

Si la memoria reside en el corazón, como se dice en el ancho mundo del territorio universal de La Mancha; si existe una memoria colectiva que sea, cuando menos, la suma de todas las memorias individuales, debes saber, allí donde ahora nos bendice tu sonrisa, que siempre estarás presente en el corazón de esta tierra, de sus hombres y mujeres, en el centro mismo de los vectores que nos fijan el mejor de los caminos, lo mismo que estarás siempre presente en los miles de corazones de tu Anantapur, allí donde reposas con el sosiego de saber que hiciste por ellos cuanto estuvo en tus manos.

Un abrazo siempre, tu amigo”.

José María Barreda Fontes

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