09 marzo 2009

CARTA DE UNOS PADRES A SUS HIJOS

Queridos hijos:
El día que me veáis mayor y ya no sea yo, tened paciencia e intentad entenderme.
Cuando comiendo me manche, cuando no pueda vestirme: tened paciencia. Recordad las horas que pasé enseñándoos.
Si cuando hablo vosotros, repito las mismas cosas, mil y una veces, no me interrumpas y escúchame.
Cuando erais pequeños a la hora de dormir, os tuve que explicar mil y una veces el mismo cuento hasta que os entraba el sueño.
No me avergoncéis cuando no quiera ducharme, ni me riñáis. Recordad cuando tenía que perseguiros y las mil excusas que inventaba para que quisierais bañaros.
Cuando veáis mi ignorancia sobre las nuevas tecnologías, os pido que me deis tiempo necesario y no me miréis con vuestra risa burlona.
Intenté enseñaros a hacer tantas cosas…Comer bien, vestiros… Y como afrontar la vida. Muchas cosas son producto del esfuerzo y la perseverancia de los todos.
Cuando en algún momento pierda la memoria, o el hilo de nuestra conversación, dadme el tiempo necesario para recordar. Y si no puedo hacerlo, no os pongáis nerviosos, seguramente lo más importante no era mi conversación y lo único que quería era estar con vosotros y que me escucharais.
Si alguna vez no quiero comer, no me obliguéis. Conozco bien cuando lo necesito y cuando no.
Cuando mis piernas cansadas no me dejen caminar…dadme vuestra mano amiga de la misma manera en que yo lo hice cuando vosotros disteis los primeros pasos.
Y cuando algún día te diga que ya no quiero vivir, que quiero morir, no os enfadéis. Algún día entenderéis que esto no tiene nada que ver con vosotros, ni con vuestro amor, ni con el mío.
Intentad entender que a mi edad ya no se vive, sino que se sobrevive.
Algún día entenderéis que pese a mis errores, siempre quise lo mejor para vosotros y que intenté preparar el camino que deberíais recorrer.
No debéis sentiros tristes, enfadados o impotentes por verme de esta manera. Debéis estar a mi lado, intentando comprenderme y ayudadme como lo hice con vosotros cuando empezasteis a vivir.
Ahora os toca a vosotros acompañarme en mi duro caminar.
Ayudadme a acabar mi camino, con amor y paciencia. Yo os pagaré con una sonrisa y con el inmenso amor que siempre os he tenido, aunque no haya sabido expresaroslo.
OS QUIERO HIJOS.

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